Se abre la puerta y lo primero es una línea de luz en el techo que recorre el pasillo entero hasta el fondo de la casa. Paredes blancas con moldura, puertas de carpintería clásica pintadas en el mismo blanco y un suelo continuo en tono piedra que no se interrumpe en ninguna estancia. La casa se entiende en un vistazo: todo lo público a la izquierda, todo lo privado al fondo.
Un salón largo con dos ventanas a Castelló y una lámpara de cristal sobre la mesa de comedor. Sofá modular en gris claro, dos butacas de madera oscura y tela beige, sillas de bouclé alrededor de una mesa redonda de piedra. Al fondo, una pared de roble con estantes iluminados y el televisor integrado. Nada sobra, y todo está ya puesto.
La cocina se abre al salón a través de una isla con tres taburetes tapizados. Frentes lisos en tono arena, roble en el módulo alto, campana integrada en el techo y horno, microondas y frigorífico empotrados. Detrás, un pasillo de servicio con un lavadero independiente: lavadora y secadora en columna, un fregadero y armarios hasta el techo.
El principal, con cabecero tapizado, cama de matrimonio y una colcha en naranja tostado que es el único color fuerte de la casa. El segundo, con dos camas individuales y un armario empotrado de puertas clásicas. El tercero, más recogido, con una cama grande y luz perimetral en el techo. Los tres dan al exterior y los tres tienen persiana y estor.
Entre el dormitorio principal y su baño, un vestidor en roble con estanterías iluminadas y puertas de cristal ahumado. Es la pieza que convierte un piso amueblado en una casa en la que se puede vivir de verdad: hay sitio para deshacer las maletas y olvidarlas.
Ambos baños comparten el mismo lenguaje: paramentos en gres efecto travertino, mueble suspendido de nogal, espejo retroiluminado y grifería negra. Uno con ducha de obra y mampara de cristal, el otro con ducha de lluvia y toallero eléctrico. Un aseo más de cortesía cerca de la entrada.
Tres dormitorios exteriores, todos con armario, todos amueblados y vestidos. El principal se lleva el vestidor y el baño; los otros dos comparten el segundo baño y se prestan igual a una familia que a compañeros de trabajo que pasan unos meses en Madrid.
Las camas están hechas, los textiles puestos y los armarios vacíos. Es el tipo de casa a la que se llega con las maletas y en la que esa misma noche ya se cena en la mesa del salón.



Un traslado de trabajo, una reforma en casa, un curso académico, una temporada en Madrid.
Amueblada y equipada al completo, con menaje, ropa de cama y baño. Solo hace falta la maleta.
Suministros y condiciones de duración, a consultar según la estancia.
Tercera planta exterior, en el corazón del barrio de Salamanca.