Un salón de esquina con ventanales de suelo a techo en dos orientaciones, suelo de roble macizo y una franja de luz que recorre el perímetro del techo. Sofá blanco de lino, butacas de madera negra y cuero, dos mesas de centro redondas de cristal y una alfombra en rombos beige y gris. Al fondo, la mesa de comedor de madera clara junto al cristal.
Del salón a la zona de noche se pasa por un pasillo forrado en paneles de piedra caliza, con una línea de luz que dobla la esquina del techo y baja por la pared. Es el gesto de la casa: un material noble en el sitio menos esperado.
Cocina independiente en blanco lacado, con encimera continua, placa de inducción negra, frigorífico americano en acero y un ventanal vertical con vinilo que filtra la luz sin dejar ver desde fuera. Equipada por completo.
El principal ocupa la esquina, con un ventanal de suelo a techo abierto a las copas de los árboles; cama tapizada, mesillas y armarios empotrados lacados. El segundo, más recogido, con luz perimetral, armario de suelo a techo y un espejo de arco apoyado en la pared.
Los dos baños completos siguen el lenguaje del pasillo: paneles de caliza, mueble suspendido blanco con encimera de una pieza, espejos con luz integrada. Uno con ducha de obra y cristal; el otro con bañera y ducha bajo un ventanal vertical.
Cada dormitorio tiene su baño y su ventana grande. El principal mira a los árboles del jardín de la parcela vecina, con la cama frente al cristal; el segundo, con armario empotrado de suelo a techo, se asoma a una calle tranquila de la colonia. Los dos van amueblados y vestidos, con luz perimetral en el techo y persianas motorizadas.
Es una distribución pensada para dos personas que trabajan en Madrid y quieren cada una su espacio, o para una pareja con visitas frecuentes.


