
De los ciento cuarenta metros de la casa, la mayor parte se la lleva una sola pieza: salón, comedor y cocina comparten suelo de roble, techo blanco con focos empotrados y una fila de huecos a la calle. El más singular es el mirador, un cuerpo curvo de carpintería negra que sigue el giro de la fachada y deja ver, al otro lado, la balaustrada de piedra y las copas de los árboles.
Frente a él, un sofá modular en gris antracita, hondo, con cojines mostaza y estampados, y dos mesas nido redondas de metal negro. El televisor cuelga de la pared blanca sobre un banco bajo de madera. En mitad de la planta, un pilar de hierro oscuro, dejado a la vista, marca dónde termina el estar y dónde empieza la cocina.


La cocina se abre al salón sin más frontera que una barra de madera clara con dos taburetes de varilla negra. Los frentes son de tono nogal con tirador de uñero negro; la encimera, negra y mate, con la placa de inducción enrasada y el horno bajo ella. Sobre la barra cuelgan dos bombillas de filamento, y en la pared, un panel de madera con baldas para las plantas y los botes.
Un segundo tramo, con el fregadero bajo la ventana, alarga la encimera hacia el pasillo. El suelo cambia aquí a una franja de gres oscuro que dibuja la zona de trabajo sobre el roble. Desde la placa se ve toda la casa: la mesa, el sofá, el mirador.




El dormitorio principal ocupa un ancho entero de la casa. Tres huecos en la misma pared, con estores enrollables oscuros y un radiador vertical blanco entre ellos; bajo las ventanas, un tablero volado de madera con cajonera negra hace de escritorio o de tocador. La cama, con cabecero tapizado en gris y dos lámparas colgantes a cada lado, se apoya en una pared con el mismo acabado de hormigón que el salón.
Enfrente, la pared se pinta en gris oscuro y sobre ella corre una puerta de roble colgada de su guía; al lado, otra de vidrio translúcido. El armario es un frente de cristal ahumado con perfilería negra, de suelo a techo, que devuelve la habitación entera. Alfombra gris de pelo corto y ropa de cama blanca con un cojín mostaza, el mismo color que las sillas del comedor.


